En el último trimestre del año, muchas organizaciones colombianas repiten el mismo ejercicio, Talento Humano revisa el plan de capacitación vigente, recoge las solicitudes de las jefaturas, cotiza con proveedores y organiza un cronograma para el año siguiente, una vez aprobado, el documento permite dar por cumplida una obligación normativa y ofrece una hoja de ruta clara para los próximos doce meses.

El ejercicio no es menor, la normatividad en Seguridad y Salud en el Trabajo exige que el plan exista, que se revise periódicamente y que responda a los riesgos prioritarios de la organización pero cumplir ese requisito no garantiza que la formación produzca cambios, un plan puede ejecutarse por completo, agotar su presupuesto y recibir buenas evaluaciones de los participantes sin que los errores disminuyan, los procesos mejoren o los equipos trabajen mejor.

La diferencia entre un plan que se cumple y uno que funciona está en la forma de construirlo, este artículo propone una ruta para el plan de 2027 que parte de la norma, pero no se queda en ella: diagnosticar antes de programar, priorizar con criterios explícitos, ajustar la formación a lo que cada puesto realmente necesita y medir resultados, no solo actividades, el objetivo es que, al cierre del próximo año, la organización pueda responder no solo qué capacitaciones realizó, sino qué cambió gracias a ellas.

Lo que exige la norma en Colombia

En Colombia, el programa anual de capacitación hace parte de los estándares mínimos del SG-SST. Según la Resolución 0312 de 2019, debe cubrir los peligros y riesgos prioritarios y las medidas de prevención y control, y extenderse a todos los niveles de la organización.

El Decreto 1072 de 2015 agrega que el programa se revise como mínimo una vez al año con participación del COPASST y la alta dirección, y que todo trabajador que ingresa por primera vez reciba inducción en SST. La verificación consiste, en esencia, en contrastar el programa con la matriz de identificación de peligros: uno debe responder a la otra.

La norma fija un piso, no un techo. Garantiza que el plan exista y que apunte a los riesgos prioritarios. No garantiza que sirva.

El riesgo de planear por catálogo

Hay una forma sencilla de construir un plan de capacitación: recuperar el documento del año anterior, revisar qué cursos se realizaron, incorporar las solicitudes de las jefaturas y distribuir las actividades en un calendario, el resultado suele ser un plan completo, organizado y relativamente fácil de aprobar, el problema es que puede responder mejor a la tradición de la empresa que a sus necesidades reales.

El riesgo de esta práctica está en confundir actividad con resultado que una organización programe veinte cursos no significa que haya resuelto veinte problemas, ni que sus colaboradores estén mejor preparados para enfrentar los desafíos del negocio. Incluso puede ocurrir que el presupuesto se ejecute por completo, se cumpla el cronograma y se entreguen todas las certificaciones previstas, mientras los indicadores que motivaron algunas de esas actividades permanecen sin cambios.

El problema comienza cuando la pregunta inicial es: ¿qué capacitaciones vamos a ofrecer el próximo año? y no ¿qué necesita mejorar la organización y qué capacidades debemos desarrollar para conseguirlo? La primera conduce a un catálogo de cursos; la segunda obliga a establecer prioridades, investigar brechas y relacionar la formación con resultados concretos.

alt=" "
Diagrama del cátalogo de cursos a la estrategia del negocio

Diagrama del cátalogo de cursos a la estrategia del negocio

Las respuestas ayudan a tomar decisiones que un catálogo no facilita: mantener una actividad porque responde a un riesgo prioritario, modificar otra porque su alcance no coincide con la brecha identificada o aplazar una tercera porque existen necesidades más urgentes. También permiten explicar a la dirección por qué se asignan recursos a determinadas iniciativas y qué resultados se espera obtener a cambio.

El propósito no es reducir la capacitación a una hoja de cálculo ni convertir cada aprendizaje en una promesa de rentabilidad. Es evitar que el presupuesto se distribuya por costumbre, visibilidad o presión de las áreas, sin una justificación compartida.

Al final, un plan estratégico no se distingue por la cantidad de cursos que contiene, sino por la lógica que conecta cada actividad con una necesidad, la organización debe poder explicar por qué esa formación es importante, qué capacidad pretende desarrollar y cómo comprobará si ha contribuido al resultado esperado, esa es la diferencia entre administrar un calendario de capacitación y gestionar el aprendizaje como una herramienta para alcanzar los objetivos del negocio.

Lee también Talent Marketplace: cómo impulsar la movilidad interna

Primero el diagnóstico, y con causa raíz

Antes de decidir qué cursos necesita una organización en 2027, Talento Humano debería responder una pregunta más incómoda: ¿qué problemas estamos intentando resolver y qué evidencia tenemos de que la capacitación es la respuesta?

La pregunta parece obvia, pero cambia por completo la manera de construir un plan anual. Cuando la planeación comienza con una lista de solicitudes de las jefaturas, el resultado suele ser un catálogo de actividades: liderazgo para los coordinadores, comunicación para los equipos, servicio al cliente para las áreas comerciales y actualización técnica para los cargos operativos. Cada solicitud puede parecer razonable por separado, pero eso no significa que, en conjunto, respondan a las prioridades reales del negocio.

Un enfoque más riguroso comienza por identificar las brechas entre el desempeño esperado y el desempeño actual. Para hacerlo, no basta con preguntar a los líderes qué cursos quieren para sus equipos. Es necesario contrastar sus percepciones con indicadores, resultados operativos, errores recurrentes, incidentes, cambios en los procesos y necesidades futuras de la organización.

Esta lógica coincide con la guía Assess Training Needs: Conducting Needs Analysis, publicada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) en febrero de 2025. El documento propone analizar las necesidades antes de diseñar una intervención formativa y determinar si la capacitación es, efectivamente, una solución adecuada para la brecha identificada. El principio es sencillo: primero se comprende el problema; después se decide cómo intervenir.

alt=" "
Diagrama primero el diagnóstico, después la capacitación

Diagrama primero el diagnóstico, después la capacitación

La diferencia es relevante cuando la dirección debe decidir entre múltiples necesidades y recursos limitados. Un plan respaldado por evidencia permite discutir prioridades con criterios más claros y evita que la asignación del presupuesto dependa exclusivamente de quién hizo la solicitud más insistente.

De cara a 2027, el objetivo no debería ser identificar todas las capacitaciones que la organización podría ofrecer, sino determinar cuáles necesita realmente. Porque un buen diagnóstico no se limita a descubrir dónde falta conocimiento: también evita invertir en formación cuando el problema está en otro lugar y esa capacidad de distinguir entre una necesidad de aprendizaje y una falla operativa es el primer paso para convertir el plan anual en una herramienta estratégica.

Priorizar, porque no todo cabe

Una vez identificadas las necesidades de capacitación, aparece una de las decisiones más difíciles para Talento Humano: determinar cuáles deben atenderse primero en una organización siempre habrá más solicitudes que presupuesto, más competencias por desarrollar que horas disponibles y más iniciativas deseables que capacidad para ejecutarlas simultáneamente. Intentar incluirlas todas puede parecer una señal de compromiso, pero termina diluyendo los recursos y haciendo difícil comprobar qué resultados produjo el plan.

Priorizar no significa restarle importancia al desarrollo de las personas, significa reconocer que las necesidades tienen consecuencias distintas y que, por tanto, no todas pueden ocupar el mismo lugar en la agenda. Una brecha que compromete la seguridad de los trabajadores, por ejemplo, no debería competir en igualdad de condiciones con una capacitación que busca mejorar una habilidad deseable, pero no urgente, de la misma manera, una carencia técnica que provoca errores recurrentes en un proceso crítico merece una atención diferente de una solicitud de formación que responde principalmente a las preferencias de un área.

Esta distinción también tiene implicaciones económicas. En su informe Stop Losing Revenue From Skills Gaps, publicado en mayo de 2026, Gartner aborda las brechas de habilidades como un problema que puede afectar los resultados del negocio y plantea la importancia de que los responsables de aprendizaje y desarrollo contribuyan a cerrarlas. El enfoque invita a cambiar la perspectiva: una brecha de habilidades no es solamente una necesidad de formación pendiente, sino una posible limitación para ejecutar el trabajo con el nivel de calidad y eficiencia que la organización requiere.

Para el plan de capacitación de 2027, esto supone dejar de ordenar las actividades únicamente por área, disponibilidad de proveedores o facilidad de programación. La prioridad debería depender de la importancia del problema que se pretende resolver, de sus consecuencias y de la urgencia con la que se necesita intervenir.

Lee también Movilidad interna en LATAM: cómo aprovechar el talento interno

alt=" "
Diagrama priorizar, porque no todo cabe

Diagrama priorizar, porque no todo cabe

El resultado debería ser una decisión documentada para cada necesidad priorizada, el plan tendría que indicar qué problema se busca resolver, a quiénes se dirige la intervención, quién será responsable de ejecutarla, cuándo se realizará y cómo se evaluará su contribución, para las solicitudes aplazadas, conviene dejar constancia de la razón y de las condiciones que permitan reconsiderarlas.

Este registro no solo facilita la ejecución también permite explicar las decisiones ante la dirección, revisar las prioridades si cambian las condiciones del negocio y evitar que una solicitud vuelva a incorporarse cada año simplemente porque apareció en el plan anterior.

En definitiva, priorizar es aceptar que un buen plan no tiene que incluirlo todo tiene que concentrar los recursos en las necesidades que más importan, justificar por qué unas reciben atención antes que otras y dejar claro qué se hará con las que no pueden atenderse de inmediato. Para llegar a 2027 con un plan defendible, Talento Humano no necesita demostrar cuántos cursos logró programar, sino por qué eligió esos y qué espera cambiar con ellos.

Una capacitación para todos no siempre es una capacitación para cada uno

Cuando una organización identifica una nueva necesidad de aprendizaje, la respuesta más sencilla suele ser diseñar un programa común y ofrecerlo a todos los colaboradores relacionados con el tema la decisión facilita la logística, simplifica la contratación de proveedores y permite reportar una cobertura amplia. Sin embargo, también puede generar una falsa sensación de avance: todos reciben la misma formación, pero no todos necesitan aprender lo mismo ni aplicar ese conocimiento de la misma manera.

El problema se hace evidente cuando las responsabilidades cambian de un puesto a otro. Una competencia que resulta fundamental para un equipo puede ser secundaria para otro. Incluso cuando varias personas necesitan desarrollar una misma habilidad, el nivel de profundidad, el contexto de aplicación y las consecuencias de un error pueden ser muy diferentes.

Por eso, antes de incorporar una capacitación al plan de 2027, Talento Humano debería ir más allá de identificar una competencia general y preguntarse quién necesita desarrollarla, para qué tareas, con qué nivel de dominio y bajo qué condiciones deberá utilizarla. Esta información permite diseñar intervenciones más pertinentes y evitar que el presupuesto se distribuya en programas que ofrecen contenidos útiles para algunos participantes, pero poco aplicables para otros.

Lee también La accesibilidad se diseña: cómo aplicar el Diseño Universal para el Aprendizaje en la capacitación

alt=" "
Diagrama una capacitación para todos no siempre es una capacitación para cada uno

Diagrama una capacitación para todos no siempre es una capacitación para cada uno

El resultado no tiene que ser un plan más complejo ni más costoso, de hecho, segmentar las necesidades puede evitar que se invierta en contenidos que algunos colaboradores ya dominan o que otros nunca necesitarán aplicar el objetivo es asignar la formación adecuada a quienes la necesitan, con una profundidad coherente con las exigencias de su trabajo.

Al construir el plan de capacitación de 2027, la pregunta no debería ser únicamente cuántas personas asistirán a cada actividad. También debería ser qué podrá hacer cada grupo después de formarse y cómo esa capacidad contribuirá a realizar mejor su trabajo.

Porque la cobertura demuestra que una actividad llegó a sus participantes, pero no demuestra que respondiera a sus necesidades una capacitación bien diseñada comienza por comprender las diferencias entre los puestos y termina cuando el aprendizaje puede trasladarse a las tareas, decisiones y responsabilidades para las que fue concebido.

La diferencia entre tener un plan y que funcione

Al finalizar el año, una organización puede presentar un balance impecable de su capacitación: cumplió el cronograma, ejecutó el presupuesto, alcanzó la cobertura prevista y obtuvo evaluaciones positivas de los participantes, sin embargo, cuando la dirección pregunta qué cambió gracias a esa inversión, la respuesta no siempre es igual de clara.

¿Cuántos errores se redujeron? ¿Qué procesos mejoraron? ¿Los líderes están gestionando mejor a sus equipos? ¿Los colaboradores aplican lo aprendido en sus puestos? Son preguntas que rara vez pueden responderse con un listado de cursos realizados.

El problema está en confundir la ejecución de un programa con sus resultados las horas impartidas, la asistencia y la satisfacción son indicadores útiles para saber si una actividad se llevó a cabo y cómo fue recibida pero no demuestran, por sí solos, que las personas hayan desarrollado nuevas capacidades ni que estas se traduzcan en mejoras para la organización.

En un artículo publicado en enero de 2026 por Harvard Business Review, titulado Why Training Employees Pays Off Twice, Ben Rand presenta una investigación que invita a ampliar la forma de evaluar la formación. El análisis destaca un aspecto que las empresas pueden pasar por alto: los efectos de la capacitación sobre los gerentes. La inversión no necesariamente beneficia solo a quien participa directamente, sino que también puede tener repercusiones en la gestión de los equipos. Esta perspectiva, asociada al trabajo del profesor Christopher T. Stanton, de Harvard Business School, plantea una pregunta relevante para Recursos Humanos: ¿estamos midiendo todo el valor que puede generar una actividad formativa?

Lee también La IA y el futuro de los puestos junior: cómo formar profesionales cuando la IA transforma el trabajo 

alt=" "
Diagrama la diferencia entre tener un plan y que funcione

Diagrama la diferencia entre tener un plan y que funcione

De cara a 2027, el objetivo no debería ser demostrar que todos los cursos programados se realizaron sino construir un sistema que permita aprender de cada intervención y decidir, con evidencia, cuáles conviene mantener, modificar, ampliar o reemplazar.

Un plan de capacitación funciona cuando la organización puede explicar no sólo qué hizo, sino qué capacidades desarrolla, cómo se están aplicando y qué resultados parecen estar asociados a ellas la diferencia entre cumplir un calendario y gestionar estratégicamente el aprendizaje está, precisamente, en la calidad de esas respuestas.

Medir la capacitación por lo que transforma

Un plan de capacitación estratégico no termina cuando se completa el cronograma, su verdadero valor está en identificar qué capacidades desarrolla, cómo se aplican en el trabajo y qué cambios pueden asociarse con la formación para lograrlo, Recursos Humanos necesita ir más allá de los indicadores de asistencia y finalización, y relacionar el aprendizaje con las necesidades y los objetivos de la organización.

Con Optimización de Métricas y Fidelización con Contenido Estratégico de Zalvadora, las empresas pueden orientar el análisis de sus procesos formativos hacia indicadores relevantes para el negocio y evaluar cómo evoluciona el aprendizaje de sus equipos, esta perspectiva permite identificar oportunidades de mejora, revisar la efectividad de las iniciativas y tomar decisiones más fundamentadas sobre dónde mantener, ajustar o concentrar los esfuerzos de capacitación.

De cara a 2027, el desafío para Talento Humano es convertir los datos de formación en información útil para decidir, así, el plan anual deja de ser una lista de actividades por cumplir y se convierte en una herramienta para gestionar el desarrollo de capacidades y evaluar su contribución a los resultados de la organización.

Conclusión

El plan de capacitación de 2027 se puede construir de dos maneras, la primera parte del documento del año anterior, suma las solicitudes recibidas y se da por terminada cuando el cronograma está completo y la norma queda cubierta, la segunda parte de una pregunta distinta: qué necesita mejorar la organización y qué capacidades debe desarrollar para lograrlo ambas producen un plan aprobado, pero solo la segunda produce un plan que puede defenderse con argumentos y evaluarse con evidencia.

El cambio no exige más presupuesto ni más cursos exige más criterio, un diagnóstico que distinga entre una brecha de aprendizaje y una falla operativa evita invertir donde la capacitación no es la solución. Una priorización explícita concentra los recursos en las necesidades con mayores consecuencias y deja constancia de por qué otras esperan, la segmentación por puesto garantiza que cada grupo reciba la formación que su trabajo realmente demanda y una medición orientada a resultados permite aprender de cada intervención y decidir qué mantener, ajustar o reemplazar.

El requisito legal seguirá siendo el punto de partida, porque asegura que el plan exista y atienda los riesgos prioritarios pero la norma fija un piso, no un techo lo que convierte la capacitación en una herramienta estratégica es la lógica que conecta cada actividad con un problema concreto y con un resultado esperado. Al cierre de 2027, el mejor indicador de que el plan funcionó no será la cantidad de cursos realizados, sino la capacidad de la organización para explicar qué cambió gracias a ellos.

Preguntas frecuentes 

  1. ¿Qué debe incluir el plan de capacitación 2027?

El plan de capacitación 2027 debe incluir las necesidades de formación identificadas, los objetivos, las actividades, los responsables, el cronograma y los indicadores de evaluación. En el marco del SG-SST, debe responder a los riesgos prioritarios y a las medidas de prevención y control aplicables.

  1. ¿Qué normas regulan el plan de capacitación en Colombia?

El Decreto 1072 de 2015 y la Resolución 0312 de 2019 establecen disposiciones relacionadas con la capacitación en Seguridad y Salud en el Trabajo (SG-SST). Las empresas deben verificar los requisitos aplicables según sus características y obligaciones legales.

  1. ¿Cómo elaborar un plan de capacitación estratégico?

Para elaborar un plan de capacitación estratégico, identifica las brechas de desempeño, analiza las causas de los problemas, prioriza las necesidades y define objetivos medibles. Después, asigna responsables, presupuesto e indicadores para evaluar los resultados de cada actividad.

  1. ¿Cómo priorizar las capacitaciones con presupuesto limitado?

Prioriza las capacitaciones según los riesgos, las obligaciones legales, la urgencia de las necesidades y su impacto en los objetivos del negocio. Documentar los criterios de selección ayuda a justificar las inversiones y a distribuir los recursos de manera eficiente.

  1. ¿Cómo medir la efectividad del plan de capacitación?

Mide la efectividad del plan de capacitación mediante indicadores de aprendizaje, aplicación de conocimientos y cambios en el desempeño. Además de la asistencia y el cumplimiento del cronograma, evalúa si la formación contribuye a reducir errores o mejorar los procesos.

  1. ¿Todas las personas deben recibir las mismas capacitaciones?

No. Las capacitaciones deben responder a las funciones, los riesgos y las competencias requeridas en cada puesto. Adaptar los contenidos a las necesidades de cada grupo mejora la pertinencia de la formación y favorece la aplicación de lo aprendido.

  1. ¿Cuándo se debe elaborar el plan de capacitación 2027?

Lo recomendable es elaborar el plan de capacitación 2027 durante el último trimestre de 2026. Esto permite analizar los resultados del año, identificar necesidades, priorizar actividades, definir el presupuesto y aprobar el cronograma antes de iniciar el nuevo periodo.

  1. ¿Quiénes participan en la elaboración del plan de capacitación?

Talento Humano, el responsable del SG-SST, los líderes de proceso y la alta dirección pueden participar en la planeación. Para la revisión anual del programa de capacitación del SG-SST, la normativa contempla la participación del COPASST y de la alta dirección.

Bibliografía

  1. Centers for Disease Control and Prevention. (2025, 5 de febrero). Assess training needs: Conducting needs analysis. https://www.cdc.gov/training-development/php/about/assess-training-needs-conducting-needs-analysis.html 
  2. Gartner. (2026a, 18 de mayo). Stop losing revenue from skills gaps. https://www.gartner.com/en/documents/7870077 
  3. Gartner. (2026b, 31 de julio). How HR can build an AI-ready workforce with job-aligned training. https://www.gartner.com/en/documents/8210129 
  4. McKinsey & Company. (2026, 16 de marzo). Reimagine learning and development for the AI age. https://www.mckinsey.com/capabilities/people-and-organization/our-insights/the-organization-blog/reimagine-learning-and-development-for-the-ai-age 
  5. Ministerio del Trabajo. (2019, 13 de febrero). Resolución 0312 de 2019: Por la cual se definen los estándares mínimos del Sistema de Gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo (SG-SST). SafetYA. https://safetya.co/normatividad/resolucion-0312-de-2019/ 
  6. Rand, B. (2026, 16 de enero). Why training employees pays off twice. Harvard Business Review. https://hbr.org/2026/01/why-training-employees-pays-off-twice